Sitios que ver antes de morir: Estambul

Turquía es un país riquísimo en yacimientos arqueológicos. Casi todas las culturas mediterráneas han pisado la península de Anatolia, como atestigua el Museo de las Civilizaciones de Ankara. Sus últimos inquilinos, los turcos otomanos, tomaron el testigo de los califas sirios e iraquíes al frente del Islam.

La capital de su Imperio, Estambul, fué arrebatada a los bizantinos en un largo y famoso asedio, que eruditos como Stefan Zweig o Steven Runciman han relatado con ameno estilo. A partir de esa conquista, fueron infiltrándose a través de los ríos en la mayor parte del territorio de los Balcanes.

Estambul es una ciudad muy hermosa. Una de las más hermosas del mundo árabe. Su estructura urbana es heredera directa de aquella Constantinopla de los emperadores romanos que durante siglos fué emblema del Occidente cristiano. Embellecida con sucesivos proyectos a cargo del más prolífico arquitecto de su época, Sinan el Viejo, Estambul rivaliza con El Cairo en monumentos, aunque sea incomparablemente más moderna.

El templo de la Santa Sabiduría, modelo de todas las mezquitas y de gran parte de las catedrales, es un recinto increíble cuyo amplísimo interior uno no puede perderse. Lástima que los conquistadores asiáticos destruyeran o taparan los mosaicos ortodoxos y que los venecianos saquearan las reliquias y los tesoros de esta pionera basílica.

Frente a él, encontramos la Mezquita Azul, la más celebrada de todas las que salpican Estambul con sus minaretes. No es tan agradable el Palacio Topkapi, y si merece una visita el Museo Arqueológico de la ciudad. Para los aficionados a las compras, el Bazar, amén de ser una obra de arte, es uno de los más grandes del mundo.

Turquía es un país fabulosamente barato. Décadas de inflación han convertido el hoy saneado yillik -o lira turca- en una moneda debilísima frente al euro. La cocina turca, una de las tres mejores del planeta, puede paladearse por muy poquito dinero -apenas 5 euros un menu para dos en cualquier restaurante-. Y por supuesto, tenéis que probar la innumerable variedad de kebabs y pinchos que ofrecen los cocineros callejeros.

Recomiendo hacer un recorrido por el Cuerno de Oro y a lo largo del estrecho que lleva al Mar Negro. No hagáis caso de los taxistas que os asaltaran con sus exageradas ofertas. Coged el ferry público, muy económico, en el muelle de la ciudad. Una paradita en algún pueblo de pescadores, luego de contemplar desde el barco las fortalezas abandonadas y los palacios de los millonarios nativos, no le vendrá mal a vuestro estómago.

Con tres dias basta para recorrer Estambul. Si vais en circuito, las ruinas de la costa jónica y los restos hititas, junto con Pamukkale y la Capadocia, completarán un viaje inolvidable.

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